San Marcos de Arica cerró la fase regular del Torneo Ascenso 2025 con una goleada categórica: 3-0 frente a Rangers de Talca. Fue una noche distinta, de esas que en el Dittborn dejan algo en el aire. No por la cantidad de público —apenas 1.500 fieles que, como siempre, no fallan— sino por la sensación de que algo cambió, que este equipo empieza a parecerse a lo que todos soñamos: un grupo unido, ordenado y con identidad.
Después de 16 años, Arica vuelve a una liguilla. Dieciséis años de subidas, bajadas, frustraciones, ascensos y descensos. Pero este 2025, los objetivos trazados a comienzos de temporada se cumplieron: se renovó el plantel, se redujeron los costos, se saneó el camarín y se devolvió la estabilidad a un club que en lo financiero y lo administrativo necesitaba orden.
No es menor que hoy los contratos estén claros, que no existan amarras ni compromisos turbios. Que los jugadores estén enfocados, alejados de las apuestas, de los carretes, de los conflictos internos que tanto daño hicieron antes. Esas son las cosas que no siempre se ven desde la galería, pero que se sienten dentro de la cancha.
Claro, siempre están los que exigen más sin aportar más, los que llaman “mediocres”, “vendehumo” o “viejos” a los jugadores y al cuerpo técnico. Los mismos que en febrero decían que no había plantel y que íbamos directo al descenso. Hoy, en vez de alegrarse porque el equipo está cuarto y clasificado, se indignan porque no se salió campeón. Pero este equipo —más joven, más ariqueño, más unido— cumplió su meta y nos volvió a meter en la pelea grande.
Y eso tiene valor. Porque además de ganarle a un rival directo como Rangers, se completó el minutaje sub-21, debutaron jugadores formados en casa, y el partido terminó con seis ariqueños en cancha. ¡Seis! Algo que hace años no veíamos. Eso también es parte del triunfo, del orgullo y del futuro que se está construyendo.
A este plantel todavía le faltan piezas claves que volverán para la liguilla, y con ellas el equipo gana variantes y jerarquía para lo que viene. Pero más allá de nombres, lo que hoy ilusiona es el espíritu: un grupo de jugadores comprometidos, que entienden lo que significa vestir la celeste del Bravo del Norte.
Desde Entre Hinchas, celebramos este paso con la alegría de siempre, con el entusiasmo que nace cuando las cosas se hacen bien, cuando se trabaja con humildad y sin humo. Porque sí, se puede criticar, pero también hay que reconocer. Y este San Marcos nos volvió a emocionar.
Vamos con todo a la liguilla.
ENTRE HINCHAS

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