El domingo no fue el final que queríamos. Perdimos 3-1 en Calama y nos quedamos fuera de la final de la Liguilla. Duele, claro que sí. Duele mucho.
Pero por sobre todo, hoy queremos decir GRACIAS.
Gracias a cada jugador, a cada miembro del cuerpo técnico, a cada uno que este año se puso la celeste con orgullo y nos devolvió una ilusión que hacía años no sentíamos.
Gracias por pelear hasta el último minuto, por no bajar los brazos, por pararse frente a la hinchada a dar la cara incluso en la tristeza, por seguir corriendo aunque todo estuviera cuesta arriba.
Ayer acompañamos al equipo como siempre: dos buses llenos de ariqueños que nunca los van a dejar solos. Vivimos rabias innecesarias, maltratos, amenazas de parte de quienes creen que pueden pasar por encima del hincha. Vivimos un arbitraje malo, decisiones absurdas y un golpazo en nueve minutos que nos dejó contra la pared. Vivimos el anti fútbol, las mañas, el tiempo perdido, las simulaciones… lo de siempre en esas canchas.
Pero también vimos algo enorme:
vimos a un grupo de jugadores que se paró, ajustó, atacó, buscó, y nos devolvió el orgullo.
El descuento que nos despertó, los cabezazos que casi entran, el disparo del Tato que reventó el travesaño… ahí todos volvimos a creer. Tuvimos media hora para soñar. Y eso es mérito de ustedes.
No tienen nada que pedir perdón.
Lo que hicieron este año se agradece de corazón.
Nos devolvieron esa sensación de estar vivos como hinchas, de sentir que Arica está para competir, para soñar, para levantarse una y mil veces.
Hoy queda tristeza, sí. Queda bronca también, obvio.
Pero sobre todo queda orgullo.
Orgullo por este plantel, orgullo por la entrega, orgullo por la historia que están construyendo.
Y a los que solo aparecen para tirar mierda, para creerse dueños de la verdad sin haber empatado nunca a nadie como hinchas, ya saben… Maradona ya les dejó el mensaje:
que la sigan…
A ustedes, jugadores:
GRACIAS. Desde Arica y desde cada estadio del país, seguiremos ahí.
Porque el Bravo nunca está solo.
Porque este equipo merece seguir peleando.
Porque lo mejor está por venir.
¡Aguante San Marcos de Arica, carajo!


