Termina la primera rueda y San Marcos de Arica la cierra en lo más alto. Punteros. Campeones de invierno. Una frase que no se leía desde el 2012, cuando comenzamos a escribir una de las páginas más gloriosas de nuestra historia. Hoy, más de una década después, volvemos a sentir ese cosquilleo que mezcla ilusión y fe.
El Bravo se prepara sin miedo al éxito. Porque este equipo ha demostrado carácter, identidad, y sobre todo, hambre. Hambre de gloria, de revancha, de volver a ser parte de donde nunca debimos salir. Cada punto peleado, cada partido ganado con esfuerzo, nos tiene en esta posición: primeros, pero con los pies en la tierra.
La segunda rueda no será fácil. Nos esperan finales cada fin de semana, rivales que vendrán a arrebatarnos lo construido. Pero este plantel, este cuerpo técnico, y esta ciudad, están más unidos que nunca. Hay confianza. Hay convicción. Y sí, también hay ilusión. Porque el ascenso ha sido esquivo, pero no imposible.
Arica ya está en modo desafío final. Se siente en las calles, en las galerías, en cada conversación de café o en los pasillos del estadio. Se viene lo más duro, pero también lo más lindo. La oportunidad de volver a hacer historia.
Vamos Bravo. Sin miedo al éxito.

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